HORIZONTAL A MI PESAR
Y A PESAR DE MI RARA COSTUMBRE DE VERTICAL ANDAR,
SE NOTA QUE TUMBADO HE SIDO.
SERÁ PORQUE USTED SE HA IDO
Y SE HA LLEVADO AQUELLO QUE NO CONSIGO RECORDAR;
TAL VEZ UNA PLANTA, TAL VEZ UN COLLAR
TAL VEZ UNA IDEA QUE AHORA NECESITO USAR.
¿SE HA LLEVADO LA MESA? ¿NO HAY DONDE APOYAR?
¿SE HA LLEVADO LOS LIBROS? ¿POR ESO HAY TANTO LUGAR?
HORIZONTAL A MI PESAR
Y A MI PESAR MIS PIERNAS NO SE PUEDEN LEVANTAR,
NI PARA HACER UN SONIDO.
NI PARA HACER LO DEBIDO
QUE SERÍA CORRER, QUE SERÍA SALTAR
Y EN UN INSTANTE ERGUIRME PARA SALIR A BUSCAR
AQUELLO QUE AL PARTIR USTED NO OLVIDO TOMAR.
HORIZONTAL A MI PESAR
Y A PESAR DE MI RARA COSTUMBRE DE VERTICAL ANDAR
SE NOTA QUE NO HE PODIDO
Y EN UN GRITO LE PIDO
QUE ME DEVUELVA AQUELLO QUE NO CONSIGO RECORDAR
TAL VEZ UN CUCHILLO, TAL VEZ UN LUNAR
TAL VEZ ESA HOJA GRANDE QUE USO PARA ANOTAR
¿SE HA LLEVADO LA LUZ? ¿NO HAY COMO ILUMINAR?
¿SE HA LLEVADO EL RELOJ? ¿LAS HORAS NO SE PUEDEN CONTAR?
HORIZONTAL A MI PESAR
Y A PESAR DE TODO MI MEMORIA HA VUELTO A FUNCIONAR
DEVUELVAME MI AIRE QUE NO PUEDO RESPIRAR.
Brindis de cogote tieso

(si hacés clic en la foto te saluda el abuelo José)
"No es este el brindis desmontable de mi invención, ha tiempo patentada, ni "el de otro banquete" que barnizado se aprovecha luego por segunda vez. Este no es, tampoco, el brindis aprovechado ahora clandestinamente, de faltar a otro banquete, al que llegué tarde y a otro restaurante, y el día antes, caso de puntualidad relativa, disminuida por exceso, en el que comprendí que el campo de la impuntualidad no está solo en lo después de lo puntual, zona de lo tardío, sino en lo prematuro, zona del "estar verde" todavía. Sin embargo, quizá, con mi ir el día antes, conseguí un resultado perverso de despojo de la puntualidad ajena, pues hice al momento inasistentes a todos..." Macedonio Fernández (frag)
Almost Magenta

Colaboración de Flavia asumiendo su identidad familiar. Somos cuatro los Vales , como los colores; veremos como se reparten los restantes.
C/ .....
M/ Flavia
Y/ .....
K/ .....
Matamucho... (nueva sección vales® denuncia?)

Imagen capturada por el amigo Lorenzo(*), amigo mio y amigo del Tio Macedonio.
(*)Fanático deambulador "post titulum" de pasillos universitarios; proveedor de heladeras, transportista de bases misilísticas, tablas de surf, perros labradores, máquinas amoladoras, acrílicos espejados con tendencia al vuelo, carpas chinas autoacampantes y de buenas ideas que naufragan (a veces) en Warsteiner.
TIO ABUELO
Confesiones de un recién llegado al mundo literario / Macedonio Fernandez ("Proa", 1922)
(Esforzados estudios y brillantes primeras equivocaciones)
Tengo que asentar las siguientes observaciones y otras no menos siguientes que me comprometo a que se me ocurran.
(Esforzados estudios y brillantes primeras equivocaciones)
Tengo que asentar las siguientes observaciones y otras no menos siguientes que me comprometo a que se me ocurran.
Con motivo de la carestía de los cigarrillos, éstos se han puesto más baratos, y para que parezcan menos cortos, los hacen más largos. Para una persona que por primera vez es un recién llegado, esto le confunde de tal manera que le entra el sentimiento de que lo están viendo por la calle desnudo saliendo de una sastrería.
No es menos cierto que existen insomnios que afectan al mismo tiempo la facultad de dormir y la de estar despierto; y, lo digo con toda la seriedad del hombre durmiendo, para elegir entre dos coqueterías, óptese por la peculiaridad de ser un gran dormilón, porque es factible aparentar dormir -aunque fatigoso-, y no es fácil aparentar estar despierto. Aquí se sabe (por los diarios, como todo) que una persona que ha sido despertada durante un simple cuarto de hora, por la caída del techo sobre su cama, o por el paso sigiloso de un gato por la pared que debería tener el terreno de enfrente, y continúa durmiendo de seguida hasta que la desayune alguna sirvienta, no dejará de proclamar por todo el día siguiente, el infalible día que cuelga de cada noche por su extremo Este; "No he pegado los ojos esta noche". Obsérvese lo que es la obra de insomnio: quita el sueño en torno nuestro y a veces al mismo paciente.
Cuando un día anterior es precedido de un siguiente, contando desde adelante, ocurre una separación entre los dos practicada mediante una noche, intervalo de faroles, tropezones y comisarías, que muchas personas ocupan en preparar un conversación sobre insomnio, para las personas de su familia; hay quienes hasta durmiendo piensan en los suyos.
Recién llegado por definición es: aquella diferente persona notada en seguida por todos, que llegado recién a un país de la clase de los diferentes, tiene el aire digno de un hombre que no sabe si se ha puesto los pantalones al revés, o el sombrero derecho en la cabeza izquierda, y no se decide a cerciorarse del desperfecto en público, sino que se concentra en una meditación sobre eclipses, ceguera de los transeúntes, huelga de los repartidores de luz, invisibilidad de los átomos y del dinero de papá, y así logra no ser visto.
Masluces
Y sin embargo / Sabina

De sobras sabes que eres la primera, que no miento si juro que daría por ti la vida entera, por ti la vida entera; y, sin embargo, un rato, cada día, ya ves, te engañaría con cualquiera, te cambiaría por cualquiera.
Ni tan arrepentido ni encantado de haberme conocido, lo confieso. Tú que tanto has besado tú que me has enseñado, sabes mejor que yo que hasta los huesos sólo calan los besos que no has dado, los labios del pecado.
Porque una casa sin ti es una emboscada,el pasillo de un tren de madrugada, un laberinto sin luz ni vino tinto, un velo de alquitrán en la mirada.
Y me envenenan los besos que voy dando y, sin embargo, cuando duermo sin ti contigo sueño, y con todas si duermes a mi lado, y si te vas me voy por los tejados como un gato sin dueño perdido en el pañuelo de amargura que empaña sin mancharla tu hermosura.
No debería contarlo y, sin embargo, cuando pido la llave de un hotel y a media noche encargo un buen champán francés y cena con velitas para dos, siempre es con otra, amor, nunca contigo, bien sabes lo que digo.
Porque una casa sin ti es una oficina, un teléfono ardiendo en la cabina, una palmera en el museo de cera, un éxodo de oscuras golondrinas.
Y cuando vuelves hay fiesta en la cocinay bailes sin orquesta y ramos de rosas con espinas, pero dos no es igual que uno más uno y el lunes al café del desayuno vuelve la guerra fría y al cielo de tu boca el purgatorio y al dormitorio el pan de cada día.
A verona

Desperezo en blanco / Macedonio Fernandez
En aquellos tiempos pasados tan lejanos que no existía nadie, pues nadie se animaba a existirlos por lo muy solitarios que eran para toda la gente, y además, no se podía pasar ningún rato en ellos porque carecían de presente en el cual todos los ratos están contenidos y otros además, pues como estaban perdidos en la "noche de los tiempos" no se veía dónde estaban; lo que impidió alojarse en ellos, todo lo cual lo sabemos por la Paleontología -tan conocedora del pasado como ignorantes nosotros del presente-, en aquellos tiempos que las personas más ejercitadas en la vejez recuerdan olvidar, nuestros pies eran cascos y el hombre inteligente les dio un amparo que no necesitaban, rodeándolos de botines por la parte de afuera, acomodo que nunca habían conocido, pues hasta entonces habían pertenecido al mundo exterior y no sabían lo que era ser ellos una cosa de adentro de nada; por el contrario, se caracterizaban y se les reconocía por hallarse siempre disparados y lo más distantes posibles siendo lo más alargados, externos, salidos y correcalles que hubiera, además de su singularidad eterna de ser un artículo par, y andar obligando a todo a ser par, como par de medias, par de botines, a diferencia de la nariz que se basta con un arco de anteojos, puesto encima para ser impar. Es comprobada la constancia de los zapateros que nunca han variado de ocupación siendo ellos siempre los que hacen los botines y han aconsejado su colocación en los pies como la más cómoda, muy superior a la costumbre nunca usada de llevarlos en una valija o en el bolsillo. No son los peluqueros pues los que hacen todo incluso botines, como pretenden hacerlo creer por su peinado y la conversación que dirigen a la cabeza del cliente como para llenársela por si está vacía. Si usasen la conversación partida al medio como su inimitable peinado, tendrían para dos clientes a la vez, mas como cada cliente tiene otro artista para él en ese momento, un fuerte sobrante de conversación fluiría hacia la puerta del negocio y correría por las calles, teniendo su manantial en las barberías y su cauce en la calzada, que según indica su nombre, es jurisdicción de los zapateros.
No veo otro camino para que los peluqueros invadieran, como tanto lo han deseado, el oficio de aquéllos, logrando hacer brillar su arte en ambos extremos anatómicos. Por otra parte, el peinado es una manera de pensar por fuera de la cabeza, por lo que debieran sentirse orgullosos los artesanos que tomando la navaja al dejar las tijeras, nos tienen tan acobardados y sitiados como para despojarnos de nuestro cabello sin protesta ni intento de fuga. Pero volviendo al asunto inmediato que no olvidaré un solo momento, quería enseñar que si las durezas plantales originaron los botines, éstos están haciendo nacer tantas que pronto volveremos a la dureza única. Es, pues, un círculo el progreso y la espiral de Goethe no condice con el piloso principio y el coriáceo final de la anatomía humana.
El accidente de Recienvenido / Macedonio Fernandez
-Me di contra la vereda.
-¿En defensa propia? -indagó el agente.
-No, en ofensa propia: yo mismo me he descargado la vereda en la frente.
-La cornisa de la vereda -apuntó un reportero- le cayó sobre el rostro a nivel de la tercera circunvolución izquierda, asiento de la palabra...
-Y del periodismo -insinuó el accidentado.
-Que ha recobrado en este momento. -Y sigue redactando el periodista: -El artesonado de la acera...
-No se culpe a nadie, propongo... -No, eso es para suicidarse.
-De mi pronta mejoría, quería decir. Ruego al señor reportero que figure algo en la noticia de "decúbito dorsal".
-No hay necesidad: los operarios tipógrafos lo ponen siempre. O si no, ponen: "base del cráneo".
-¿Se me dirá si me puedo levantar sin deslucir la noticia de un suicidio?
-¿Iban mal sus negocios?
-Nada de eso: la única dificultad ha sido el cordón de la vereda. -¿Puedo anotar oposición de familia a su noviazgo?
Otro insiste en que había mediado agresión y le ruega aclare si se interponía "un viejo resentimiento".
-Alguien, un desconocido desde mucho tiempo atrás para usted, avanzó resueltamente y desenfundando un cordón de la vereda ColtBrowing se lo disparó.
En fin, Recienvenido empieza a sulfurarse y los increpa:
-¡Yo estaba aquí antes que ustedes y mis informes son más anticipados! Voy a darles un resumen publicable:
"Yo caí. fui derribado por el golpe de la orilla de la vereda; sin embargo, no necesitaba ya serlo, pues mi cabeza salió a recibir el golpe yéndose al suelo.
"Caí; fue en ese momento que me encontré en el suelo. Ninguna persona había.
-¡Estaba yo! -Y yo.
-Y yo --dicen los reporteros.
-Muy bien. No imaginando que hubieran tantas personas en torno mío que me precisaran, invertí unos minutos de desmayo en estarme
quieto sin apresuramiento. Cuando desperté, me supuse o que había recibido parte de la vereda en la cabeza, o que había leído algún capítulo de Literatura Obligatoria del Mío Cid o el Cielo del Dante. Rodeado, en las cuatro direcciones de la instrucción pública, N. S. E. y O., por infinitas personas en número de setenta que habían abandonado importantes negocios para formarme un cinturón zoológico suburbano, se llamó a la Asistencia Pública para que me trajera un vaso de agua que nunca llegó. -Retardo de la Asistencia Pública -anota un cronista.
-Algo de delirio -otro.
-¿Me permiten? -siguió Recienvenido-. No obstante la falta de horario, el accidente es la única cosa que yo nunca he visto desperdiciar; el agua caliente, el fuego, desperdiciamos con frecuencia, pero siempre alrededor de aquél he visto a muchas personas que están juntando al accidentado, rodeándolo para que no se filtre y desparrame, formando un círculo tan perfecto como perfecto es el centro de él formado por la persona más o menos completa en el momento que ha tomado el papel de accidentado.
-¿En defensa propia? -indagó el agente.
-No, en ofensa propia: yo mismo me he descargado la vereda en la frente.
-La cornisa de la vereda -apuntó un reportero- le cayó sobre el rostro a nivel de la tercera circunvolución izquierda, asiento de la palabra...
-Y del periodismo -insinuó el accidentado.
-Que ha recobrado en este momento. -Y sigue redactando el periodista: -El artesonado de la acera...
-No se culpe a nadie, propongo... -No, eso es para suicidarse.
-De mi pronta mejoría, quería decir. Ruego al señor reportero que figure algo en la noticia de "decúbito dorsal".
-No hay necesidad: los operarios tipógrafos lo ponen siempre. O si no, ponen: "base del cráneo".
-¿Se me dirá si me puedo levantar sin deslucir la noticia de un suicidio?
-¿Iban mal sus negocios?
-Nada de eso: la única dificultad ha sido el cordón de la vereda. -¿Puedo anotar oposición de familia a su noviazgo?
Otro insiste en que había mediado agresión y le ruega aclare si se interponía "un viejo resentimiento".
-Alguien, un desconocido desde mucho tiempo atrás para usted, avanzó resueltamente y desenfundando un cordón de la vereda ColtBrowing se lo disparó.
En fin, Recienvenido empieza a sulfurarse y los increpa:
-¡Yo estaba aquí antes que ustedes y mis informes son más anticipados! Voy a darles un resumen publicable:
"Yo caí. fui derribado por el golpe de la orilla de la vereda; sin embargo, no necesitaba ya serlo, pues mi cabeza salió a recibir el golpe yéndose al suelo.
"Caí; fue en ese momento que me encontré en el suelo. Ninguna persona había.
-¡Estaba yo! -Y yo.
-Y yo --dicen los reporteros.
-Muy bien. No imaginando que hubieran tantas personas en torno mío que me precisaran, invertí unos minutos de desmayo en estarme
quieto sin apresuramiento. Cuando desperté, me supuse o que había recibido parte de la vereda en la cabeza, o que había leído algún capítulo de Literatura Obligatoria del Mío Cid o el Cielo del Dante. Rodeado, en las cuatro direcciones de la instrucción pública, N. S. E. y O., por infinitas personas en número de setenta que habían abandonado importantes negocios para formarme un cinturón zoológico suburbano, se llamó a la Asistencia Pública para que me trajera un vaso de agua que nunca llegó. -Retardo de la Asistencia Pública -anota un cronista.
-Algo de delirio -otro.
-¿Me permiten? -siguió Recienvenido-. No obstante la falta de horario, el accidente es la única cosa que yo nunca he visto desperdiciar; el agua caliente, el fuego, desperdiciamos con frecuencia, pero siempre alrededor de aquél he visto a muchas personas que están juntando al accidentado, rodeándolo para que no se filtre y desparrame, formando un círculo tan perfecto como perfecto es el centro de él formado por la persona más o menos completa en el momento que ha tomado el papel de accidentado.
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